lunes, 14 de abril de 2008

"ESTÁ DE MODA"


Está de moda ser ecologista y tener dos coches en el garaje. Está de moda solidarizarse con quien no tiene que comer y llevar Ray-ban puestas y a la vez unas rastas que puede que te hayan costado casi más que las propias gafas.

Está de moda también llevar vaqueros rotos de firma y hacerse el “no materialista” dando a entender que sabes vivir la vida de manera romántica, espiritual y valorando cosas como el amor, la amistad, el cariño… con una cámara de fotos colgada del cuello que te compraron tus padres de 800 € mientras te fumas un porro con unos colegas que puede que no llames mañana porque quedaste con gente ‘cool’.

Hoy en día está de moda ser diferente y hemos llegado a tal extremo que lo manifestamos en la ropa que llevamos, en los ‘piercings’ que nos hacemos, en lo ‘frikis’ que podemos llegar a convertirnos, en lo promiscuos que podemos llegar a ser, en lo ‘super-bueno que soy en esto’, en lo rebelde que puedo llegar a ser con el mundo haciéndome el duro…. Pues todo esto hace que ahora los papeles se inviertan. Para mí es “raro” encontrar a alguien normal. Hemos llegado a tal punto, que tristemente lo raro es ser puntual, ser fiel, ser serio, ser estudioso, ser responsable, ser sensible y vestir bien. Al parecer todo esto es de gente sosa y que no sabe vivir la vida; pues no. Discrepo rotundamente. Una vida equilibrada y normal es la que tiene en su justa medida diversión y trabajo.

Más triste aún es el momento en que veo que después de una fiesta al aire libre de muchísimos jóvenes, supuestamente sensibilizados que vienen de familias cultas, se dejan tirados miles de vasos de plástico, papeles, basura por todo el suelo y luego resulta que vamos a manifestaciones ecologistas porque “el planeta se está calentando”.

Sin embargo todo esto no es nada. Lo peor llega de dentro de muchas personas, de su pensamiento. Hace poco unos jóvenes quemaron en Barcelona a una indigente dentro de un cajero automático. ¿Qué lleva a unos jóvenes de bien cometer tal acto? No puedo comprenderlo. Ni siquiera establecer teorías al respecto. Es algo que me deja sin argumentos pues cuando voy por la calle y me encuentro a un pobre indigente durmiendo al frío de la intemperie, envuelto en harapos, no puedo evitar que se me encoja el corazón por mucho que se haya merecido estar así por los actos que pueda haber cometido en otro momento de su vida.

Esta sociedad va camino de la locura. Si está de moda romper las normas y resulta que todo el mundo las rompe, el que las sigue es el auténtico rebelde. Yo quiero ser una rebelde. Quiero ser puntual, inteligente, trabajadora, seria, vestir bien, tener una vida equilibrada y de este modo ser feliz. Quiero tener corazón y amar a los que me rodean. Quiero decir “sí, soy ecologista” y no tirar la basura del almuerzo en la calle o en la vía del metro. Sin embargo, es la sociedad en la que me ha tocado vivir y no me puedo permitir el lujo de quejarme porque me podría haber tocado algo mucho peor aun. Soy producto de una sociedad que no puedo alcanzar a comprender cargada de hipocresía y falsos sentimientos que va camino de la destrucción de sí misma y además por sus propios componentes. Lo siento mucho, la vida no tiene la culpa de todo esto.

Y con todo esto no pretendo ser la ecologista perfecta ni pretendo serlo. No soy ningún modelo para nadie, no lo busco. Tan sólo invito a la reflexión de algo tan contradictorio y a la vez tan cotidiano en la sociedad actual. Ya va siendo hora de que empecemos a preguntarnos qué será de nosotros en un futuro a corto plazo y qué será lo que hereden nuestros futuros hijos. Como dice un antiguo proverbio indio, perteneciente a los indios ‘Cree’; “La tierra no es un regalo de nuestros padres, sino un préstamo de nuestros hijos.”